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¿Qué era yo antes de nacer?

Jeremías 1:5 dice «te conocí», y conocer es una relación. Job 38 pregunta «¿dónde estabas tú?». Qué cambia cuando la vida no empieza en el nacimiento — y las objeciones a esa lectura.

Hay una pregunta que sobrevive a todas las demás. No es «¿existe Dios?» — ésa se discute y se aplaza. Es ésta, más pequeña y más difícil de esquivar: ¿qué era yo antes de nacer?

Casi todo el mundo se la ha hecho, casi siempre en silencio, y casi siempre de noche.

La respuesta habitual de la teología cristiana es que no había nada. Dios creó el alma de la nada — creatio ex nihilo — en el momento en que se formó el cuerpo. Antes de eso, usted no era nada. Ni idea, ni proyecto, ni espíritu. Nada.

Es una respuesta coherente. También es una respuesta que deja preguntas sin responder — y es sobre ésas sobre las que escribí el capítulo 6 del segundo volumen.

La afirmación

Vivimos antes de nacer aquí. El hombre no es una criatura que empieza a existir en el nacimiento físico — es un ser eterno que vino a este mundo para una experiencia necesaria.

LeGrand Richards, Una Obra Maravillosa y un Prodigio

Escribo en el libro que esta doctrina es «una de las más originales, más consoladoras y más contestadas» de mi iglesia. Reparo en la palabra del medio: consoladoras. No es un accidente.

Una doctrina no es verdadera por consolar. Pero cuando una doctrina consuela y tiene fundamento en el texto, vale la pena mirar dos veces antes de tirarla.

El primer pasaje: el verbo importa

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Jeremías 1:4-5

Hay que leerlo despacio, porque todo está en el verbo.

Dios no le dice a Jeremías «antes de que fueras concebido, yo sabía que ibas a existir». Eso sería presciencia — y la presciencia no exige que el objeto exista. Dios dice «te conocí».

Conocer a alguien es una relación. Y una relación exige que haya alguien al otro lado.

La teología mormona generaliza este principio: lo que Dios le dijo a Jeremías es verdad para cada ser humano. No es una excepción concedida a un profeta — es la descripción de cómo son las cosas.

El segundo pasaje: una pregunta que presupone un lugar

Puede responderse que Jeremías 1:5 es lenguaje figurado, y es una respuesta legítima. Pero el libro de Job plantea el mismo problema otra vez, y por otro camino.

¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? […] cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios.

Job 38:4-7

Por qué importa la forma de la pregunta

Dios le responde a Job desde el torbellino con una serie de preguntas retóricas. Una pregunta retórica funciona porque la respuesta es obvia — y la respuesta obvia aquí es «no estaba en ninguna parte».

Pero fíjese en lo que la pregunta presupone para poder ser formulada. «¿Dónde estabas tú?» sólo tiene sentido si hubiera, en principio, un sitio donde estar. Dios no le pregunta a una piedra dónde estaba.

Y está la segunda mitad: los «hijos de Dios» que se regocijaban cuando la tierra fue creada existían, por tanto, antes de que la tierra existiera. La teología mormona identifica a esos hijos con los espíritus premortales de los seres humanos.

Dos pasajes no hacen una doctrina. Hacen una pregunta seria — y es eso lo que pido que se conceda.

Lo que esto resuelve: el problema del mal

Aquí la doctrina deja de ser curiosidad y pasa a tener consecuencias.

La objeción más antigua contra Dios es ésta: si Él es omnipotente, omnisciente y perfectamente bueno, ¿por qué creó un mundo con sufrimiento, injusticia y mal?

La respuesta mormona es que el mal no fue creado por Dios — fue elegido por un ser que poseía albedrío, exactamente como el mal es elegido por los seres humanos que poseen albedrío.

El plan aceptado

Jesucristo — entonces llamado Jehová — se ofreció a descender a la tierra, vivir como hombre y expiar los pecados de la humanidad, preservando el albedrío de cada persona.

El plan rechazado

Lucifer propuso una alternativa: salvar a todos sin excepción, eliminando el albedrío. Se rebeló cuando fue rechazado, y fue expulsado con los que lo siguieron.

Esto está en Abraham 3:22-27, en la Perla de Gran Precio, y tiene ecos en otros textos que cualquier cristiano reconoce: Lucifer como uno de los «hijos de la mañana» en Isaías 14:12, y la tercera parte de las estrellas arrastradas por el dragón en Apocalipsis 12:4.

Escribo en el libro la consecuencia, y es la parte que me parece más difícil de rebatir:

El mismo albedrío que hacía posible la rebelión de Lucifer es lo que hace posibles el crecimiento, la virtud y el amor genuinos. Un universo sin albedrío sería un universo sin Lucifer — pero también sin virtud real, amor genuino o desarrollo moral auténtico.

Fíjese en lo que esto le hace a la pregunta original. Deja de ser «¿por qué permitió Dios el mal?» y pasa a ser «¿habría valido la pena un mundo donde nadie pudiera elegir?». Es una pregunta distinta, y tiene otra respuesta.

La preordenación, y lo que no es

Si las almas existían antes, una implicación se sigue de inmediato: algunas pueden haber sido designadas para misiones antes de nacer.

Y Dios vio que estas almas eran buenas […] y me dijo: Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer.

Abraham 3:22-23

Y no es un texto aislado de mi tradición. Jeremías fue santificado y designado profeta antes de nacer — es el mismo pasaje con el que empezamos. Y Pablo escribe de sí mismo que fue «apartado desde el vientre de mi madre» (Gálatas 1:15).

Tres cosas que esto cambia, y que se sienten en la piel

Nada de esto es curiosidad de seminario. Cambia cosas concretas.

  1. Qué es un niño que muere al nacer. Si el alma empieza en el nacimiento, una vida que duró minutos es una vida que casi no hubo. Si el espíritu ya existía, es un regreso — y un regreso es algo completamente distinto de un desperdicio.

  2. La pregunta de la desigualdad de partida. Uno nace sano y rico, otro nace enfermo y sin nada, y ninguno de los dos eligió. En una teología en que el alma empieza en el nacimiento, esa desigualdad se atribuye directamente a Dios y no hay respuesta. En una teología en que la vida mortal es un capítulo en medio de una historia más larga, la pregunta cambia de forma. No desaparece — pero cambia.

  3. Qué es una persona. Alguien que existió antes que yo y que continuará después no es un producto de mi tiempo ni una pieza de mi familia. Es un ser con biografía propia, más antigua que la mía. Eso tiene consecuencias en el modo de tratar a quien se tiene delante.

La honestidad que esto exige

Escribí que ésta es una de las doctrinas más contestadas, y el libro trata de las objeciones — no las esconde en un apéndice.

La más seria es ésta: Jeremías 1:5 y Job 38:7 pueden leerse de otras maneras, y de hecho pueden. Un texto que soporta dos lecturas no prueba ninguna de ellas por sí solo.

La lectura tradicional

«Te conocí» es presciencia divina, no relación. Los «hijos de Dios» de Job son los ángeles, y no espíritus humanos. Ninguno de los pasajes exige preexistencia.

La lectura que defiendo

«Conocer» es relacional en todo el resto del texto hebreo, y no hay razón para que no lo sea aquí. Y si los «hijos de Dios» son sólo ángeles, la pregunta «¿dónde estabas tú?» pierde su contraste.

Lo que hago en el libro es poner las dos lado a lado, con el resto de lo que la Escritura dice sobre el asunto, y dejar que el lector decida con qué peso se queda. Quien busque un libro que le diga que ya tiene razón quedará decepcionado. Quien busque los argumentos de los dos lados, con las referencias, los encuentra.

Dónde continúa esto

La preexistencia es la primera de tres preguntas, y el volumen las trata por orden, un capítulo cada una:

  1. ¿De dónde viene el hombre? — la vida antes de ésta, el consejo en el cielo, el origen del albedrío.

  2. ¿Por qué está aquí? — para qué sirve la mortalidad, y por qué tenía que doler.

  3. ¿Adónde va? — los tres reinos de gloria, y por qué «cielo o infierno» es una simplificación que la Escritura no hace.

Son las tres preguntas que cualquier persona se hace tarde o temprano, y que casi ninguna teología responde las tres con el mismo cuidado.

Mi iglesia tiene una respuesta para cada una. Esa respuesta es discutible — pero no es vaga, y no es una escapatoria. Es eso lo que la hace digna de ser discutida.


Este texto desarrolla el capítulo 6 de En Defensa de la Verdad — Volumen 2. Los pasajes destacados son citas del libro. Los doce capítulos tratan de los Artículos de Fe 4 a 13: la fe y el arrepentimiento, el bautismo, el Espíritu Santo, los dones espirituales, la revelación continua, el Plan de Salvación, Sion y el Milenio, la libertad religiosa y la obediencia a la autoridad civil.


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